Ciencia,  Ministra Lincolao

De marzo a la fecha, el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación vive una crisis interna marcada por renuncias de altos cargos, despidos de funcionarios y funcionarias clave para el funcionamiento del organismo y cuestionamientos a la gestión de la ministra Ximena Lincolao. Entre ellos, el compromiso de que no habría recortes en un ministerio cuya dotación depende casi por completo de funcionarios a contrata, contratos que deberán renovarse en noviembre de 2026.

La dimensión de esa advertencia se entiende al mirar el tamaño del propio ministerio. Desde su creación en 2019, la institución ha pasado de contar con 25 funcionarios a contrata a 108 en 2026, según datos de Transparencia Activa. En ese contexto, una reducción cercana al 30% de la dotación no solo implicaría una disminución de personal, sino que podría afectar la capacidad operativa de una de las carteras más pequeñas del Estado.

La renuncia

El 11 de mayo, sesenta días después de asumir el cargo, el subsecretario de Ciencia, Rafael Araos renunció al cargo. ¿El motivo? Se negó a firmar la desvinculación de cerca de 40 funcionarios (unidades clave y un porcentaje alto de la planta) solicitada por la ministra Lincolao para ajustarse a los recortes solicitados por La Moneda. La renuncia de Araos desencadenó la crisis al interior del organismo estatal, ya que su rol era ampliamente respaldado por las y los trabajadores del ministerio, y quien lo tuvo muy claro, fue Bárbara Freire, Presidenta de la Asociación de Funcionarios y Funcionarias del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.

Pero si la incertidumbre afecta a quienes construyen las políticas científicas, la pregunta deja de ser laboral. Comienza a ser una pregunta de país, porque lo que está en juego no es solo la continuidad de equipos o programas. También lo es la capacidad del Estado para impulsar investigación, innovación y desarrollo en el largo plazo.

Las consecuencias de una decisión presupuestaria rara vez se perciben de inmediato. La ciencia trabaja con otros tiempos. Sus avances requieren años de investigación, colaboración y financiamiento sostenido. Pero cuando llegan, sus efectos alcanzan la salud, la educación, el medioambiente, la productividad y la calidad de vida de las personas.

Para comprender qué podría perder Chile si esa capacidad se debilita, primero hay que responder una pregunta fundamental: ¿Cuál sería el costo de no invertir en Ciencia?

Aunque gran parte de su trabajo ocurre lejos de la atención pública, el Ministerio de Ciencia cumple un rol estratégico en el desarrollo del país. Además de diseñar políticas para fortalecer la investigación y la innovación, también impulsa programas de divulgación científica y de formación de capital humano, áreas que, para la comunidad científica, son fundamentales para asegurar el desarrollo de las próximas generaciones. Sobre ese impacto reflexiona el Premio Nacional de Ciencias Naturales José Zagal.

La salud mental

Hasta ese momento, la crisis podía leerse en renuncias, recortes y cambios de autoridades. Pero detrás de esas decisiones también hay personas que enfrentan semanas de incertidumbre sobre su futuro laboral. ¿Qué efectos tiene esa incertidumbre cuando se prolonga en el tiempo? Isabel Puga, psicóloga, académica de la Universidad de Santiago y especialista en psicología clínica y salud mental, aborda las consecuencias que este tipo de escenarios puede tener en el bienestar emocional de las y los trabajadores.

Las consecuencias

Durante años, el trabajo de científicos y científicas transcurre lejos de la atención pública. En laboratorios, universidades y centros de investigación se desarrollan conocimientos cuyos resultados pueden tardar décadas en llegar. Pero cuando finalmente lo hacen, transforman la vida de las personas. Detrás de un tratamiento, una tecnología o una vacuna existe una cadena de investigación, colaboración y financiamiento que rara vez es visible para la ciudadanía. Para Bárbara Freire, uno de los ejemplos más claros de ese impacto es el desarrollo de la vacuna contra el virus respiratorio sincicial.

Los efectos de la ciencia suelen hacerse visibles solo cuando llegan a la vida cotidiana. Una vacuna que evita muertes, un tratamiento que mejora la calidad de vida o una tecnología que resuelve un problema concreto son el resultado de años de investigación, de equipos de trabajo y de una inversión sostenida en conocimiento. Sin embargo, cuando se discute el financiamiento de la ciencia, el debate suele centrarse en los recursos disponibles y no en aquello que esos recursos hacen posible. La pregunta, entonces, va más allá de un presupuesto: ¿qué pierde un país cuando deja de invertir en ciencia, tecnología e innovación?

La visión del ministerio de Ciencia

Consultado por este reportaje, el Ministerio de Ciencia sostuvo que las decisiones adoptadas respondieron a un proceso de revisión interna y que las desvinculaciones se realizaron conforme a la normativa vigente. La subsecretaria de Ciencia, Carolina Rossi, aseguró que el objetivo fue resguardar tanto el funcionamiento de la institución como el trato hacia las personas involucradas.

“Trabajamos para que este proceso fuese lo más humano posible, analizando en detalle cada uno de los casos y ofreciendo acuerdos a las salidas, de acuerdo con la normativa vigente. Hoy el ministerio está concentrado en su trabajo y en sacar adelante sus prioridades y compromiso con la ciencia, la innovación y el buen uso de los recursos públicos.”

Las próximas semanas serán decisivas para el futuro del Ministerio de Ciencia. En noviembre deberán renovarse las contratas de gran parte de su dotación, mientras continúan las dudas sobre el alcance de los recortes y el destino de programas que hoy sostienen la investigación, la divulgación científica y la formación de capital humano.

Más allá de los nombres propios y de las diferencias al interior del ministerio, la discusión abre una pregunta que trasciende a un gobierno y a una administración. ¿Qué lugar ocupa la ciencia en las prioridades del país? Y, sobre todo, ¿cuál es el costo de debilitar una institucionalidad creada para pensar el desarrollo de Chile en el largo plazo?

Porque las consecuencias de una decisión como esta no siempre se ven al día siguiente. A veces tardan años en hacerse visibles. Y cuando finalmente aparecen, ya no afectan solo a quienes trabajan en un ministerio. Alcanzan a un país completo.