Aunque muchas veces pasan desapercibidas, más de 40 especies de aves habitan o visitan Santiago de Chile. Algunas migran desde la cordillera o el sur en invierno; otras —como zorzales, chincoles o tórtolas— viven todo el año entre plazas, jardines y parques. Unas cuantas enfrentan amenazas: 12 están en la Lista Roja de conservación. En este contexto, el rol de la ciudadanía se vuelve clave para observar, registrar y proteger a las aves urbanas en Santiago, que comparten cada día el entorno con nosotros.
Si observamos con atención, una diversidad de aves nos acompañan en nuestro día a día en la ciudad. Tórtolas en las plazas, chincoles en los cables, zorzales cantando al amanecer y hasta cotorras argentinas volando en bandadas entre los edificios. Son solo algunos ejemplos de cómo las aves urbanas en Santiago se han integrado al paisaje cotidiano, transformando la ciudad en un verdadero hábitat compartido.
Según un estudio publicado en 2018 por académicos de la Universidad de Santiago en la Revista Chilena de Historia Natural, la capital es hogar de al menos 46 especies de aves. Esta diversidad responde a una combinación de factores: la disponibilidad de alimento y refugio, la presencia de zonas para anidar y, especialmente, la pérdida de áreas naturales, que ha empujado a muchas especies a adaptarse a jardines, bandejones arbolados, plazas y parques urbanos.
¿Cuáles son las aves urbanas más comunes en Santiago?
De acuerdo con el agrónomo y ecólogo Juan Luis Celis, en conversación con el diario La Tercera, el invierno transforma los cerros y parques de la capital en refugios temporales para diversas aves migratorias. Bandadas de mineros, dormilonas y cometocinos descienden desde la cordillera hacia zonas como el Parque Metropolitano o el Parque Forestal, buscando abrigo y alimento. También se observan picaflores que llegan desde el sur, y en verano, fio-fio o chifladores que migran desde Brasil y permanecen hasta el inicio del invierno.

Además, Rodrigo Barros, presidente de la Red de Observadores de Aves de Chile (ROC), explica cómo ha cambiado la presencia de ciertas aves en Santiago en los últimos años: desde la expansión de la cotorra argentina hasta el avistamiento creciente de la paloma de las blancas y el picaflor del norte. También menciona el efecto del crecimiento urbano sobre especies nativas como la tenca o la diuca, que han sido empujadas a los bordes de la ciudad.
Aves urbanas en riesgo
Las aves urbanas no solo embellecen nuestros entornos. Cumplen funciones ecológicas clave como dispersar semillas, controlar plagas y servir de bioindicadores del estado de nuestros ecosistemas. Sin embargo, muchas de ellas enfrentan amenazas. En Chile, 138 especies de aves están en la Lista Roja de conservación, según datos del Ministerio del Medio Ambiente (2024). En Santiago y sus alrededores (como el humedal Batuco), 12 especies urbanas o periurbanas figuran dentro de esa lista.
Estas 12 aves urbanas representan solo un 8,7% del total de 138 especies amenazadas en Chile.
El rol de la ciudadanía en la conservación de las aves urbanas
En una ciudad como Santiago, donde habitan más de 40 especies de aves —entre residentes y migratorias—, la participación ciudadana se vuelve esencial. Frente a amenazas como la pérdida de hábitat y el avance del cemento, cualquier persona puede contribuir al conocimiento y la protección de estas especies que comparten el espacio urbano con nosotros, ya sea observándolas desde una ventana o registrando sus avistamientos en plataformas digitales.
“La ciudadanía son muchos ojos puestos en terreno”, afirma Barros. Y agrega: “El aprecio por la naturaleza no está limitado a los especialistas. Todos podemos maravillarnos, reconocerla y aportar desde nuestras propias experiencias“.
Global Big Day: la participación ciudadana en acción
Cada año, miles de personas alrededor del mundo se coordinan para salir a observar aves durante el mismo día: es el Global Big Day (GBD), un evento internacional de ciencia ciudadana que busca registrar la mayor cantidad posible de especies en un solo día. Organizado por el Laboratorio de Ornitología de Cornell, esta jornada convoca tanto a expertos como a aficionados, quienes suben sus registros a plataformas como eBird.
Además del Global Big Day, existen otras jornadas de participación como el October Big Day, que se celebra en primavera y también invita a registrar aves durante un solo día en todo el mundo. Estas instancias promueven la colaboración ciudadana y generan información clave para monitorear las especies en distintos territorios, incluidas las zonas urbanas.
“El Global Big Day ha revolucionado el conocimiento de las aves […] en la sumatoria de muchos datos, se genera una fuente de información loquísima”, señala Barros. Eventos como este demuestran que cualquier persona puede contribuir al conocimiento científico desde su barrio.
“Miradas aéreas”: un podcast desde la ciudadanía
“Miradas aéreas: observadores de aves urbanas” es un podcast, de origen mexicano, que explora las experiencias de avistadores de aves alrededor del mundo. Su nueva temporada, una serie de tres capítulos breves, recoge las voces de personas que, desde distintos puntos de la capital chilena, relatan cómo comenzaron a avistar aves, qué especies reconocen en su barrio y cómo esta práctica cambió su forma de habitar la ciudad. Tres miradas, tres formas de ver lo que vuela cerca.
Los testimonios presentados en este podcast fueron generados mediante inteligencia artificial a partir de perfiles narrativos creados por la autora. La generación de los audios se realizó usando la herramienta NotebookLM (Google), con fines ilustrativos y educativos.
Observar también es cuidar
Detenerse, mirar y reconocer. Observar aves puede parecer algo simple, pero es también una forma de reconectar con el entorno, de apreciar lo que muchas veces pasa desapercibido. En un momento donde las ciudades avanzan sobre la naturaleza, mirar hacia los árboles o el cielo puede convertirse en un pequeño acto de cuidado.
Hoy más que nunca, todas y todos podemos aportar.