Cinco jóvenes murieron al intentar ingresar al esperado debut en Santiago de la banda británica Doom, pionera del crust punk. A una década de esa noche de abril de 2015, revisamos los incidentes y medidas que marcaron la seguridad en eventos masivos en Chile durante la última década.
El 16 de abril de 2015, la banda británica Doom tocaba por primera vez en Chile. Lo que debía ser una fiesta se convirtió en tragedia: un cambio de recinto a última hora, la falta de salidas de emergencia, la negligencia en la producción, la precaria infraestructura del lugar y conductas de riesgo entre los asistentes derivaron en una estampida mortal.
El concierto estaba originalmente agendado para el Club San Martín, en Estación Central, pero fue trasladado pocos días antes al Centro de Eventos Santa Filomena, un recinto con condiciones aún más precarias que, pese a tener una capacidad similar, ofrecía menos garantías de seguridad.
Esa noche, una avalancha humana se desató en la entrada del local, producto de una mezcla de desorganización, escasez de medidas básicas de resguardo y tensión acumulada fuera del recinto. La tragedia dejó cinco fallecidos y más de una decena de heridos. Uno de ellos fue Ignacio Medina, estudiante de cuarto medio, músico autodidacta y parte de la escena straight edge, cuya historia rompió con los estereotipos que algunos medios intentaron imponer sobre los asistentes.
Pese al impacto del caso, las autoridades no reaccionaron de inmediato. Solo meses después, tras un episodio mediático en un concierto de cumbia sin víctimas fatales, se impulsaron las primeras revisiones a la normativa. El contraste sigue siendo un reflejo incómodo de cómo se jerarquizan ciertos públicos dentro del ecosistema cultural chileno.

Reacciones tras el desastre
Pese a la magnitud de lo ocurrido en el concierto de Doom, las nuevas medidas no se implementaron de inmediato tras aquella tragedia. No fue hasta octubre de 2015, tras desmanes en un concierto de Damas Gratis en el Teatro Caupolicán que generaron un fuerte revuelo mediático, que se impulsó una revisión normativa. El contraste resulta revelador: cinco muertes en un recital de música pesada no bastaron por sí solas para detonar una revisión de la normativa, pero sí lo hizo un incidente sin víctimas fatales en un espectáculo de cumbia. Para algunos sectores de la escena, esto refleja una histórica estigmatización hacia ciertos estilos musicales y sus públicos.
Así lo señala el periodista Rafael Cavada, quien reflexionó en una entrevista para un trabajo de título, señalando que a este hecho no se le prestó la atención especial que merecía, ni generó una respuesta legislativa más estricta para regular eventos masivos.
“Porque los chascones que se visten con ropa negra no le interesan a nadie”, señaló el actual conductor de radio ADN y de Chilevisión.
Las autoridades de ese entonces presentaron la Circular 28, un nuevo instructivo para organizadores de conciertos, festivales, corridas, fiestas y eventos deportivos, que endurece los plazos y requisitos para obtener permisos y busca garantizar la seguridad de los asistentes. Esta norma también coordina la labor de entidades como Carabineros, la SEC, la Seremi de Salud y la Seremi de Transportes.
“La antigua circular fue decretada en 2007 (…) el tipo y la forma de hacer eventos masivos era totalmente distinta, por lo que la normativa ya estaba obsoleta”, explicó al diario La Tercera el otrora intendente Claudio Orrego en 2016.
El dictamen tras las muertes
En octubre de 2018, Fernando Sánchez, alias “Marihuana”, uno de los organizadores del evento, fue condenado a 800 días de reclusión menor en su grado medio por cuasidelito de homicidio y lesiones graves. Las familias esperaron más de tres años y medio para llegar a juicio, y Sánchez cumplió la pena bajo libertad vigilada. La resolución generó debate, especialmente al compararse con el caso de Cromañón, en Argentina, donde el productor Omar Chabán fue condenado a 20 años de cárcel por la tragedia de 2004 que dejó 194 víctimas en un concierto del grupo Callejeros.
Este dictamen se emitió antes de que entraran en vigor las nuevas regulaciones para la organización y fiscalización de eventos masivos en Chile.
Los conciertos desde adentro
Ismael Gutiérrez es sonidista y fotógrafo con trayectoria en eventos que van desde Sol y Lluvia hasta Ricky Martin, pasando por festivales como Lollapalooza Chile, Primavera Fauna y The Metal Fest. Para este reportaje, ofrece una visión técnica y vivencial sobre la seguridad en conciertos. Estuvo presente en el fatídico concierto de Doom, y sus palabras apuntan a un problema persistente:
“Aunque las productoras implementan seguridad privada, muchas veces no es suficiente. En géneros como el punk, rock o hardcore, siempre existe riesgo de incidentes fuera del recinto. Aún recuerdo disturbios en el Teatro Teletón con lanzamiento de botellas y daños a la infraestructura.” señala Gutiérrez en relación al doblete de shows de Descendants y Circles Jerks a fines del año pasado en el Teatro Teletón.
Respecto de si la gente ha aprendido lecciones pasadas, por ejemplo con lo sucedido hace diez años en el malogrado show de Doom, Gutiérrez lo pone en duda y cita un ejemplo reciente:
El entrevistado se refiere a lo ocurrido el pasado jueves 24 de junio en el Teatro Cariola —albergue habitual de conciertos de connotadas bandas extranjeras— durante una nueva presentación de Possessed, la señera banda estadounidense de thrash metal. En esa ocasión, una caterva agolpada en las afueras del recinto intentó realizar una avalancha para ingresar a toda costa. Ante la presión de la multitud, los encargados de seguridad cedieron y prefirieron abrirles paso. Afortunadamente, no hubo víctimas fatales que lamentar.
Si bien no se ha repetido un saldo mortal como el de la fatídica jornada de abril de 2015, cuando debutaba la banda Doom en Chile, y aunque se han implementado mejoras normativas respecto a la realización de eventos masivos, las infames avalanchas han seguido ocurriendo en espectáculos de todo tipo.
Eventos masivos a 10 años de la implementación de la “Circular 28”
Aunque la tragedia del concierto de Doom en 2015 marcó un punto crítico, las nuevas medidas de seguridad no se implementaron de inmediato.
No fue hasta octubre de ese mismo año, tras incidentes en un concierto de Damas Gratis que captaron la atención mediática, que se impulsó una revisión normativa importante.
Esta línea de tiempo recopila los principales incidentes y acontecimientos en eventos masivos en Chile desde entonces, evidenciando los desafíos y la evolución en la gestión de la seguridad para distintos públicos y estilos musicales.
Explora cada evento para entender cómo se han desarrollado y respondido estas situaciones a lo largo de los últimos años.
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Entre septiembre de 2022 y abril de 2025, al menos siete eventos masivos en Santiago se vieron marcados por incidentes graves que afectaron la seguridad de los asistentes. Estas situaciones abarcan avalanchas, intentos de ingreso forzado y disturbios, y ocurrieron en contextos variados como conciertos, partidos de fútbol y festividades tradicionales. Esto demuestra que, pese a los avances legales, los riesgos persisten en diferentes tipos de eventos y públicos.
Aunque las regulaciones han mejorado, la clave para evitar tragedias sigue siendo la conducta y responsabilidad de quienes organizan y asisten a estos eventos. El factor humano continúa siendo el elemento decisivo para que la seguridad se mantenga o se vulneren las garantías de protección.
El siguiente gráfico detalla el saldo de heridos y fallecidos en estos incidentes recientes, permitiendo dimensionar el impacto concreto que estas situaciones han tenido en la seguridad de eventos masivos en Santiago.
El factor humano
Más allá de las normativas, los protocolos y las mejoras en infraestructura, el elemento común en todos estos incidentes es la conducta humana. En muchas ocasiones, parece que en estos eventos solo impera la “ley de la selva”, donde la presión, el miedo y la falta de control desatan comportamientos instintivos, caóticos y peligrosos. Por eso, no basta con crear reglas o endurecer sanciones; es fundamental fomentar una conciencia colectiva basada en el respeto, la responsabilidad y el cuidado mutuo. Solo así lograremos transformar los espacios masivos en entornos seguros, donde la música y el deporte se celebren sin temor a tragedias.