¿Son las figuras públicas responsables de la violencia social?

¿Son las figuras públicas responsables de la violencia social?


Un análisis sobre el alarmante aumento de ataques homofóbicos en Chile y su relación con la propagación de discursos de odio en la era digital.


Imágen creada con IA

El repunte de la discriminación en Chile

Los datos de la última década muestran una tendencia preocupante. Los casos y denuncias por homofobia y transfobia en Chile han estado en un aumento constante y alarmante.

El incremento no se debe solo a que las víctimas denuncian más, sino a un aumento efectivo de la discriminación, especialmente cuando los avances pro-derechos LGBT+ generaban una fuerte, violenta y sistemática movilización de los opositores a la igualdad.

A pesar de una leve baja en 2022 los crímenes de odio se duplicaron, registrando seis asesinatos, la más alta. En 2023, los casos y denuncias volvieron a subir drásticamente un 52,6%, llegando a 1.597 denuncias y ataques, la cifra más alta registrada en la historia de Chile. Y lo más reciente, el 2024 fue calificado como el “año del retroceso” en la lucha por la igualdad, con un incremento del 78,7% en casos y denuncias, sumando 2.847 abusos denunciados.

Geográficamente, cabe señalar que la Región de Valparaíso ha concentrado consistentemente la mayor cantidad de casos presenciales de discriminación. En 2024, esta región vio un aumento del 80,93% en las denuncias respecto al año anterior, concentrando el 51,32% del total nacional.


Discursos de odio en la mira digital

Fuente imágenes: Internet

La investigación sugiere que este aumento de la violencia está ligado a la viralización de discursos de odio, especialmente en las redes sociales. De hecho, el 83,6% de las personas LGBT+ encuestadas por Movilh en un estudio de 2024 declararon haber sido testigos de discursos de odio de manera presencial y/o digital, además el 58% reportó haber sido víctima directa de algún ataque de odio. Las redes sociales son identificadas como el mayor canal de difusión de estos discursos (88,4%).

Es así como las figuras públicas ligadas a la ultraderecha juegan un papel fundamental en este escenario. Distintas organizaciones han alertado sobre la aparición de “líderes de opinión ultraconservadores claramente discriminadores”, vinculados a partidos de extrema derecha o a grupos religiosos, quienes han “avivado el odio contra las comunidades LGBT”.

Los discursos de odio son cualquier tipo de comunicación que ataca o utiliza lenguaje peyorativo o discriminatorio que ataque la identidad de una persona o grupo, como su religión, etnia, nacionalidad, raza, género u orientación sexual.  Las iglesias, los políticos anti-derechos y las organizaciones sociales ultra-conservadoras son identificados como los principales responsables de estos discursos. 

¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación al respecto? Nicolás Callejas Periodista y Productor Ejecutivo de noticias en CNN Chile nos comenta:

¿De qué manera el lenguaje usado por figuras públicas y medios moldea la percepción social hacia la diversidad sexual?

¿Puede un discurso aparentemente ‘neutral’ o irónico en redes sociales contribuir a la violencia simbólica o física hacia minorías?

¿Qué rol tienen los medios y algoritmos en amplificar discursos de odio, y cómo deberían responder desde la ética periodística?


¿Quiénes respaldan estos mensajes?

No es fácil identificar a los “financistas” directos de estas campañas pero se encuentra una conexión entre el surgimiento de las “nuevas derechas” y los sectores económicamente privilegiados que están íntimamente vinculadas con magnates y empresarios. Estos grupos utilizan los discursos de odio como una estrategia fundamental para librar una “batalla cultural e ideológica”.

La “lógica troll se ha integrado a la política tradicional”, y que las prácticas sensacionalistas y violentas son “premiadas con visualizaciones y ganancias por publicidad”. Esto implica un modelo de negocio donde la visibilidad y las visualizaciones son cruciales para la rentabilidad, no solo monetaria sino en términos de audiencia e influencia. Los “animadores de la paranoia social” u “opinólogos políticos” son los grandes beneficiarios de las ganancias que acumula el “mercado de la crueldad”. Esto sugiere que hay un interés económico en la propagación de estos discursos.


Casos recientes y el impacto en la sociedad

Fuente imágenes: Movilh e internet

En los últimos años hemos visto ejemplos concretos de cómo los discursos de odio se materializan y tienen consecuencias reales. En 2025, un caso que impactó fue el de un predicador en la Plaza de la Independencia de Concepción, quien afirmó públicamente que las niñas y mujeres son responsables de ser violadas y asesinadas. Fue multado, pero para muchos, la sanción fue “menor, casi anecdótica”. Esto ocurrió en un contexto donde el Gobierno Regional del Biobío cerró su unidad de género y la Municipalidad de Concepción redujo sus oficinas de género y diversidad. Estos ejemplos muestran que el problema no se limita a individuos, sino que permea a las instituciones y políticas públicas.

Los datos son claros: la violencia y discriminación están en ascenso en Chile. Es innegable que los discursos de odio, especialmente aquellos amplificados por figuras públicas en redes sociales, contribuyen a este clima hostil. La conexión entre estos discursos, las agendas de la ultraderecha y los intereses económicos de las plataformas digitales están comprometidos.

La pregunta que se planteó al inicio, “¿Son las figuras públicas responsables de la violencia social?”, la respuesta, al menos según los antecedentes, es , en gran medida. Su capacidad de influencia, sea intencionada o no, moldea la percepción pública y, lamentablemente, puede legitimar el odio.

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