El primer amanecer del año no traía consigo celebraciones ni descanso para un grupo selecto de hombres y mujeres que conformaban la columna vertebral de una misión histórica. En el corazón de la Base Aérea Pudahuel, en Santiago, los preparativos eran intensos y meticulosos. La Fuerza Aérea de Chile (FACh) ultimaba los detalles del despliegue que iniciaría la Operación Estrella Polar III, un desafío logístico y estratégico inédito con la misión de llevar por primera vez a un Presidente de Chile y Latinoamérica hasta el Polo Sur.
Polo Sur, una misión estratégica
Este sueño polar no nació de la improvisación, su origen está anclado en décadas de compromiso antártico, en operaciones previas que abrieron los caminos del aire y en la visión de proyectar la presencia de Chile más allá de los límites continentales. Esta vez, más que alcanzar un punto en el mapa, el objetivo tenía otro trasfondo: era reafirmar con hechos el ejercicio de la presencia nacional, el interés científico, el compromiso ambiental y la capacidad tecnológica y humana para una operación de esta envergadura.
Estrella Polar I En noviembre de 1984 se desarrolló la Operación Estrella Polar, primera travesía al Polo Sur, que culminó exitosamente con el anevizaje de dos aviones DHC-6 Twin Otter, siendo acondicionadas con sensores, esquíes y otros equipos necesarios para operar.
Estrella Polar II En enero de 1995, tras 26 horas de vuelo y 13 mil 206 kilómetros de distancia recorrida, dos aeronaves DHC-6 “Twin Otter” aterrizaron en la Base norteamericana Amundsen Scott, en el Polo Sur. Esta expedición es la segunda travesía institucional al punto más austral del mundo, y que fue comandada por el entonces Comandante en Jefe, General del Aire Ramón Vega Hidalgo.
Halcón Polar En enero de 1999, la Fuerza Aérea de Chile realizó una trascendental hazaña que quedó registrada en los hitos de la aviación mundial: un Helicóptero Sikorsky UH-60 “Black Hawk” del Grupo de Aviación N°9, alcanzó por primera vez el Polo Sur.
Al atardecer del jueves 2 de enero, al interior del hangar del Grupo de Aviación N°10 en la Base Aérea Pudahuel en Santiago, un Boeing 767 estaba listo para la misión. A bordo se embarcarían el Presidente Gabriel Boric Font; la ministra de Defensa Nacional, Maya Fernández Allende: la ministra Medio Ambiente, Maisa Rojas Corradi; los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, el General de Ejército Javier Iturriaga del Campo, el Almirante Juan de la Maza Larraín y el General del Aire Hugo Rodrigo González; la Subsecretaria de Relaciones Exteriores, Gloria de la Fuente, y un equipo de científicos del Instituto Antártico Chileno (INACH).
El ambiente era solemne. Las miradas ansiosas se cruzaban entre tripulaciones, técnicos y autoridades. Todos sabían que estaban a punto de emprender un vuelo que entraría en la historia aeronáutica nacional.
El vuelo desde Santiago hasta la Base Aérea Chabunco en Punta Arenas, era solo la primera etapa. Desde la ciudad magallánica, la comitiva cambiaría a la aeronave Gulfstream G-IV, que los llevaría hacia la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión, en el corazón de la Antártica. Este punto, ubicado a más de 3.100 kilómetros de Magallanes, serviría como base de avanzada para el último tramo, el más exigente, los 1.140 kilómetros y seis horas de travesía aérea en dos aeronaves DHC-6 Twin Otter y dos helicópteros MH-60M Black Hawk hasta la Base Amundsen Scott en el Polo Sur.
Detrás de cada kilómetro de esa ruta polar había una cadena de decisiones, recursos y aviadores militares que entrenaron incansablemente para cumplir con la misión. Los pilotos revisaban trayectorias y condiciones climáticas, los mecánicos inspeccionaban cada válvula, cada rotor, cada sensor. En paralelo, los equipos de comunicaciones afinaban las frecuencias satelitales, y los meteorólogos de la DGAC ajustaban los últimos modelos de pronóstico, las ventanas meteorológicas eran breves y un minuto podía marcar la diferencia. Todo debía funcionar como un reloj.
Para muchos, este viaje significaba una consagración profesional. Para Chile, significaba algo más profundo, demostrar que la soberanía se ejerce, que la ciencia se respalda, y que los desafíos nacionales se enfrentan con el peso del Estado y la fuerza de sus instituciones trabajando en conjunto.
A las 21:00 horas de ese 2 de enero, la turbina del Boeing 767 rugió sobre el asfalto. Las luces de la pista marcaron el inicio de una travesía de más de 12.000 kilómetros de ida y vuelta, sobre glaciares, océanos y la vastedad blanca del continente más austral del planeta.
Preparación y coraje para una operación de largo aliento
Tripulación de “Black Haw” Tripulación “Twin Otter”
Antes de que un solo rotor comenzara a girar o una aeronave despegara rumbo a la Antártica, la Operación Estrella Polar III ya se estaba gestando silenciosamente en salas de planificación, hangares y simuladores. Un desafío de tal magnitud requería más que voluntad, exigía un nivel de preparación técnico-operacional sin precedentes, en uno de los entornos más extremos del planeta.
La Institución comenzó a trabajar en esta misión más de un año antes de su ejecución. Se formó un grupo de trabajo dedicado exclusivamente a diseñar cada fase de la operación.
Al mando fue designado el Comandante de Escuadrilla (A) Álvaro Lamilla, quien asumió el rol de Comandante Operativo de Misión (COM). Bajo su conducción, el equipo se abocó a coordinar los medios aéreos, las rutas, la logística de abastecimiento, el soporte de vida, las comunicaciones, la habitabilidad, la seguridad sanitaria y hasta los permisos internacionales para operar en la Antártica.
Uno de los pilares del éxito fue el entrenamiento en condiciones reales. Para ello, las tripulaciones de helicópteros MH-60M Black Hawk y aviones DHC-6 Twin Otter participaron en campañas de instrucción en los Campos de Hielo Sur, donde se simularon vuelos con nieve, operaciones en pistas improvisadas, formaciones con visibilidad reducida y aterrizajes sobre terreno con hielo, con condiciones meteorológicas adversas y similares a lo que podrían llegar a enfrentar en el Polo Sur.
Junto al entrenamiento aéreo, en la Escuela de Montaña del Ejército la tripulación fue instruida en supervivencia en frío extremo, manejo de equipos especializados, evaluación de riesgos climáticos y gestión de emergencias. También se capacitaron sobre el Tratado Antártico y su Protocolo Ambiental, normas operacionales, sanidad en zonas aisladas, y la delicada interacción entre la actividad humana y el ecosistema del continente blanco.
La planificación contempló también aspectos de cooperación internacional. Se establecieron coordinaciones con la National Science Foundation de Estados Unidos para operar en la Base Amundsen-Scott, y con el British Antarctic Survey del Reino Unido para apoyo logístico en la Base Rothera. De la misma manera, la operación fue monitoreada por el Servicio de Búsqueda y Salvamento (SAR) de Chile, con cobertura satelital desde Punta Arenas, Australia y Nueva Zelanda.
Despegue al fin del mundo
A las 04:00 horas de la madrugada del 3 de enero de la Base Aérea Chabunco la comitiva presidencial despegó rumbo a la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión a bordo de dos aviones Gulfstream G-IV. Era el preludio de la hazaña. Allí, en la base chilena de avanzada, situada en el interior del Círculo Polar Antártico, aguardaban las tripulaciones y las aeronaves que serían las encargadas de cruzar los 1.129 kilómetros de territorio inhóspito hasta alcanzar el Polo Sur.
Llegó la fase decisiva. El estruendo acompasado de los rotores y motores marcó el inicio del último tramo de la expedición más austral jamás realizada por una delegación presidencial chilena. Entre los comandantes de aeronaves destacaba un nombre, la Capitán de Bandada (A) Natalia Henríquez, quien ese día se convertiría en la primera mujer piloto chilena en llegar al Polo Sur a bordo de un helicóptero MH-60M Black Hawk.
Después de más de seis horas de vuelo, pasadas las 16:00 horas de Chile continental, las aeronaves anevizaron sobre la superficie congelada del Polo Sur, junto a las instalaciones de la Base Amundsen-Scott de los Estados Unidos. La temperatura era de -29°C., pero el frío no fue obstáculo para la emoción.
Los motores de los helicópteros MH-60M Black Hawk y de los aviones DHC-6 Twin Otter se detuvieron en la vasta planicie de hielo del Polo Sur geográfico. Había concluido con éxito una travesía de más de 1.100 kilómetros desde Glaciar Unión, sobre uno de los entornos más extremos del planeta. En ese momento, el Presidente Gabriel Boric Font descendía de la aeronave y se convertía en el primer Jefe de Estado chileno, y también sudamericano, en llegar al punto más austral del mundo.
La presencia de todos ellos no solo representaba una operación exitosa, sino una declaración política, científica y estratégica, Chile no observa la Antártica desde lejos, la habita, la estudia y la protege.
“El ejercicio permanente de soberanía del Estado de Chile en la Antártica, como continente de ciencia y de paz, hoy queda ratificado… hemos llegado al punto más austral del mundo con recursos propios. La Fuerza Aérea de Chile en conjunto con el resto de las instituciones, han dado una demostración de capacidad que, sin lugar a duda, va a marcar un hito en la historia antártica no sólo de Chile, sino que del mundo”, destacó el Presidente Gabriel Boric.
Por su parte, el General del Aire Hugo Rodríguez González, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile y uno de los pilotos de la operación, a su regreso compartía su reflexión.
“Siento un gran orgullo porque lo que planificamos durante tanto tiempo permitió realizar una operación en la que demostramos las capacidades que tiene nuestra Institución. Esto nos ha llevado a tener éxito en esta operación Estrella Polar III para llegar al punto cero del mundo, al Polo Sur. Lo hicimos con abnegación, superando las dificultades que una operación de esta magnitud presenta. Solo quiero dar las gracias a quienes participaron, hombres y mujeres de la Fuerza Aérea de Chile que actuaron con valentía.”
Sobreponiéndose a todo pronóstico, el volante de 24 años goza de un buen presente en el fútbol argentino con Independiente. Mucho antes de ello, su carrera estuvo marcada por todo tipo de vaivenes, los que hoy explican el furor por su persona al otro lado de la cordillera y por sobre todo, a nivel local.
“¿Por qué puso a Felipe Loyola de lateral?”. Esa fue una pregunta que, entre otras, fue clave en el cuestionamiento del fallido proceso de Ricardo Gareca al mando de La Roja. Y es que muchos, hasta hoy, no entienden que el futbolista de Independiente, que se desempeña en Argentina como mediocampista, haya tenido que jugar la mayoría de las veces como defensor en el equipo nacional chileno.
Para salir de la duda, basta con conocer el camino del jugador, ese que, por cómo se dio, resalta como un caso único en el fútbol chileno. Y es que, en apenas tres años, Loyola pasó de descender en Primera B (2022) a debutar con el equipo nacional, ser campeón con Huachipato (2023) y hasta la actualidad, ser una de las figuras del fútbol argentino.
El surgimiento de Felipe Loyola: un camino difícil
Comenzando su formación en Colo Colo, el ‘Pipe’ llamó la atención por una característica que hoy es clave: la poli funcionalidad, es decir, la virtud de jugar en distintas posiciones dentro de la cancha. Bien lo sabe Lucas Anríquez, quien le siguió la huella desde el fútbol joven como reportero de DaleAlbo.
Sin espacio en el ‘Cacique’, Felipe Loyola fue vendido a Fernández Vial, club donde debutó profesionalmente y comenzó, poco a poco, a dar luces de un futuro prometedor. A partir de ahí, su paso por Huachipato (donde fue campeón y empezó jugando como suplente) lo llevó al gigante trasandino, Independiente.
Una explosión en cancha y en números: Europa en el horizonte
Previo a su alza, en el equipo aurinegro lo dirigió Jorge Garcés, quien desde temprano vio en él las características de una joven promesa. El experimentado estratega aseguró que, desde temprana edad, el deportista tenía cualidades de sobra.
Las cualidades que nombra Garcés pueden traducirse, por ejemplo, en el explosivo aumento de su valor de mercado. De acuerdo con Transfermarkt, en apenas cuatro años el ex Huachipato experimentó un alza exponencial de su valor.
Consolidándose como un jugador clave para el esquema de Guido Vaccari desde su llegada a Independiente en 2024, Felipe Loyola es hoy el futbolista más caro del fútbol chileno.
El furor por el ex Colo Colo, Vial y Huachipato es tal en Argentina, que una serie de medios trasandinos y partidarios de Independiente como Orgullo Rojo y Doble Amarilla, ubican al chileno cerca del Bayern Múnich alemán.
Al respecto, Jorge Garcés no esconde su sorpresa e incluso, juramenta que su expupilo “llegará donde él decida llegar”.
Felipe Loyola vestido con la camiseta principal del Bayern Múnich. Imagen generada por IA (ChatGPT).
Trabajadores al límite, ausentismo laboral, un problema sin resolver y la eficiencia de un sistema de salud en juego, todos estos elementos conforman el complejo escenario que enfrenta la el rubro médico de Chile actualmente, a la espera de una pronta solución.
Durante los últimos años, el sistema de salud en Chile y sus trabajadores han estado en el centro de la noticia cada cierto tiempo: los efectos de la post pandemia , el caso de Karin, la TENS que se quitó la vida producto de un acoso laboral, episodios de violencia por parte de pacientes hacia los trabajadores y la más reciente: el escándalo de las licencias médicas.
Fuente: Pixabay
Cada uno de estos episodios noticiosos en su momento, ya sea directa o indirectamente, se relacionan con un mismo tema: la salud mental y las condiciones laborales a las que el cuerpo médico de Chile se ve expuesto día a día.
Tras años sin dar una solución óptima, se han podido observar las consecuencias que este problema le ha generado al país de diversas maneras, tanto al rubro de la salud como al mundo laboral en general.
Un alta tasa de ausentismoen el trabajo, un servicio deficiente por parte de los trabajadores, las denuncias de malos tratos por parte de estos mismos y casos más graves como el caso de el fallecimiento de la tens Karin dan cuenta del complejo escenario que atraviesa la salud en Chile.
La problemática en el mundo laboral en Chile
La salud mental en los trabajadores no es un tema nuevo, por el contrario, corresponde a un tema de larga data, el cual afecta a gran parte de las personas en el país.
Según el Informe mensual de Evolución de Licencias médicas 2024, elaborado por la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), los trastornos de salud mental representaron el 33% del total de licencias médicas emitidas en el país, posicionándose como la primera causa de ausentismo laboral.
Junto a esto, dichas patologías concentraron el 58,9 % del gasto total en subsidios por incapacidad laboral, muy por encima de otras causas como enfermedades respiratorias o osteomusculares. Estas cifras dan cuenta del impacto sostenido que tienen los trastornos psicológicos en el mundo laboral, especialmente en sectores de alta exigencia como el de la salud.
El síndrome Burnout y sus efectos en el personal de salud
Al centrarnos en el caso de los trabajadores de la salud en Chile, vemos que son un caso ejemplar de este fenómeno. Según un estudiopublicado el 2023: En chile se identificó más de un 90% de prevalencia del Síndrome de estar Quemado por el Trabajo (Burnout) en 224 participantes entre personal médico y de enfermería.
El síndrome de burnout se define como un cuadro caracterizado por agotamiento emocional y sensación subjetiva del individuo de una disminución en su competencia profesional, que se desencadena a raíz de alguna situación laboral
Esta patología no sólo puede afectar la calidad de vida del prestador de salud, sino también está asociado a un peor servicio a los pacientes, mayores niveles de inoperancia y mayor probabilidad de ausentismo laboral. Es por esto que fue declarado como factor de riesgo laboral el año 2000 por la OMS.
Según la enfermera de la unidad pediátrica del Hospital Ernesto Galdames, Victoria Ochoa, los efectos del estrés laboral cada vez son más evidentes, teniendo repercusiones tanto en la vida laboral como personal de los trabajadores de la salud.
Asimismo, la enfermera de la Unidad de Pacientes Críticos, Sandra García, señala que este problema es un tema con un largo historial y cada vez se hace más difícil sobrellevar la carga laboral.
La violencia en los centros médicos
A los problemas mencionados anteriormente, se le suma otro factor importante que afecta directamente a los trabajadores de la salud y a su entorno físico- emocional: los reiterados episodios de violencia por parte de pacientes en centros médicos.
Durante el año 2024, el Sistema de Reportabilidad de Agresiones al Personal de Salud del Minsal contabilizó 10.407 episodios de violencia, desde verbales a físicos o contra la infraestructura, es decir, 28 ataques diarios al personal médico. Ubicandose como el año con mayores indices de ataques a centros de salud en comparación con años anteriores.
Episodios como el ocurrido en el Cesfam Raul Silva en la Comuna de Bajos de Mena, en el que el personal de salud fue amenazado por unos individuos que exigían que no le prestaran primeros auxilios a unos pacientes heridos, dejan en evidencia la gravedad del problema y los peligros físicos y mentales a los que se ven expuestos los trabajadores de la salud.
Al respecto, el presidente de la Fenats Nacional, Emerson Berrios, declaró “No tienen políticas claras acerca de los protocolos de agresiones, por lo que es fundamental avanzar hacia una estrategia más certera. Hoy vemos el tema con preocupación y vemos a nuestros compañeros y compañeras en total desamparo desde las autoridades de Gobierno”.
Fuente: Agencia Uno
Sobre la base de esta información, es posible observar el impacto de la salud mental en Chile y plantea la interrogante interrogante sobre si ¿el país dejará que estas cifras aumenten y que los trabajadores de la salud se transformen en la insignia de un mal trabajo realizado con respecto a la salud mental en Chile? ¿Esperaremos que otro escándalo que afecta a los trabajadores explote para finalmente dar una solución a este tema?
Cinco jóvenes murieron al intentar ingresar al esperado debut en Santiago de la banda británica Doom, pionera del crust punk. A una década de esa noche de abril de 2015, revisamos los incidentes y medidas que marcaron la seguridad en eventos masivos en Chile durante la última década.
El 16 de abril de 2015, la banda británica Doom tocaba por primera vez en Chile. Lo que debía ser una fiesta se convirtió en tragedia: un cambio de recinto a última hora, la falta de salidas de emergencia, la negligencia en la producción, la precaria infraestructura del lugar y conductas de riesgo entre los asistentes derivaron en una estampida mortal.
El concierto estaba originalmente agendado para el Club San Martín, en Estación Central, pero fue trasladado pocos días antes al Centro de Eventos Santa Filomena, un recinto con condiciones aún más precarias que, pese a tener una capacidad similar, ofrecía menos garantías de seguridad.
Esa noche, una avalancha humana se desató en la entrada del local, producto de una mezcla de desorganización, escasez de medidas básicas de resguardo y tensión acumulada fuera del recinto. La tragedia dejó cinco fallecidos y más de una decena de heridos. Uno de ellos fue Ignacio Medina, estudiante de cuarto medio, músico autodidacta y parte de la escena straight edge, cuya historia rompió con los estereotipos que algunos medios intentaron imponer sobre los asistentes.
Pese al impacto del caso, las autoridades no reaccionaron de inmediato. Solo meses después, tras un episodio mediático en un concierto de cumbia sin víctimas fatales, se impulsaron las primeras revisiones a la normativa. El contraste sigue siendo un reflejo incómodo de cómo se jerarquizan ciertos públicos dentro del ecosistema cultural chileno.
Afiche original del show
Reacciones tras el desastre
Pese a la magnitud de lo ocurrido en el concierto de Doom, las nuevas medidas no se implementaron de inmediato tras aquella tragedia. No fue hasta octubre de 2015, tras desmanes en un concierto de Damas Gratis en el Teatro Caupolicán que generaron un fuerte revuelo mediático, que se impulsó una revisión normativa. El contraste resulta revelador: cinco muertes en un recital de música pesada no bastaron por sí solas para detonar una revisión de la normativa, pero sí lo hizo un incidente sin víctimas fatales en un espectáculo de cumbia. Para algunos sectores de la escena, esto refleja una histórica estigmatización hacia ciertos estilos musicales y sus públicos.
Así lo señala el periodista Rafael Cavada, quien reflexionó en una entrevista para un trabajo de título, señalando que a este hecho no se le prestó la atención especial que merecía, ni generó una respuesta legislativa más estricta para regular eventos masivos.
“Porque los chascones que se visten con ropa negra no le interesan a nadie”, señaló el actual conductor de radio ADN y de Chilevisión.
Las autoridades de ese entonces presentaron la Circular 28, un nuevo instructivo para organizadores de conciertos, festivales, corridas, fiestas y eventos deportivos, que endurece los plazos y requisitos para obtener permisos y busca garantizar la seguridad de los asistentes. Esta norma también coordina la labor de entidades como Carabineros, la SEC, la Seremi de Salud y la Seremi de Transportes.
“La antigua circular fue decretada en 2007 (…)el tipo y la forma de hacer eventos masivos era totalmente distinta, por lo que la normativa ya estaba obsoleta”, explicó al diario La Tercera el otrora intendente Claudio Orrego en 2016.
El dictamen tras las muertes
En octubre de 2018, Fernando Sánchez, alias “Marihuana”, uno de los organizadores del evento, fue condenado a 800 días de reclusión menor en su grado medio por cuasidelito de homicidio y lesiones graves. Las familias esperaron más de tres años y medio para llegar a juicio, y Sánchez cumplió la pena bajo libertad vigilada. La resolución generó debate, especialmente al compararse con el caso de Cromañón, en Argentina, donde el productor Omar Chabán fue condenado a 20 años de cárcel por la tragedia de 2004 que dejó 194 víctimas en un concierto del grupo Callejeros.
Este dictamen se emitió antes de que entraran en vigor las nuevas regulaciones para la organización y fiscalización de eventos masivos en Chile.
Los conciertos desde adentro
Ismael Gutiérrez es sonidista y fotógrafo con trayectoria en eventos que van desde Sol y Lluvia hasta Ricky Martin, pasando por festivales como Lollapalooza Chile, Primavera Fauna y The Metal Fest. Para este reportaje, ofrece una visión técnica y vivencial sobre la seguridad en conciertos. Estuvo presente en el fatídico concierto de Doom, y sus palabras apuntan a un problema persistente:
“Aunque las productoras implementan seguridad privada, muchas veces no es suficiente. En géneros como el punk, rock o hardcore, siempre existe riesgo de incidentes fuera del recinto. Aún recuerdo disturbios en el Teatro Teletón con lanzamiento de botellas y daños a la infraestructura.” señala Gutiérrez en relación al doblete de shows de Descendants y CirclesJerks a fines del año pasado en el Teatro Teletón.
Respecto de si la gente ha aprendido lecciones pasadas, por ejemplo con lo sucedido hace diez años en el malogrado show de Doom, Gutiérrez lo pone en duda y cita un ejemplo reciente:
El entrevistado se refiere a lo ocurrido el pasado jueves 24 de junio en el Teatro Cariola —albergue habitual de conciertos de connotadas bandas extranjeras— durante una nueva presentación de Possessed, la señera banda estadounidense de thrash metal. En esa ocasión, una caterva agolpada en las afueras del recinto intentó realizar una avalancha para ingresar a toda costa. Ante la presión de la multitud, los encargados de seguridad cedieron y prefirieron abrirles paso. Afortunadamente, no hubo víctimas fatales que lamentar.
Si bien no se ha repetido un saldo mortal como el de la fatídica jornada de abril de 2015, cuando debutaba la banda Doom en Chile, y aunque se han implementado mejoras normativas respecto a la realización de eventos masivos, las infames avalanchas han seguido ocurriendo en espectáculos de todo tipo.
Eventos masivos a 10 años de la implementación de la “Circular 28”
Aunque la tragedia del concierto de Doom en 2015 marcó un punto crítico, las nuevas medidas de seguridad no se implementaron de inmediato.
No fue hasta octubre de ese mismo año, tras incidentes en un concierto de Damas Gratis que captaron la atención mediática, que se impulsó una revisión normativa importante.
Esta línea de tiempo recopila los principales incidentes y acontecimientos en eventos masivos en Chile desde entonces, evidenciando los desafíos y la evolución en la gestión de la seguridad para distintos públicos y estilos musicales.
Explora cada evento para entender cómo se han desarrollado y respondido estas situaciones a lo largo de los últimos años.
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Entre septiembre de 2022 y abril de 2025, al menos siete eventos masivos en Santiago se vieron marcados por incidentes graves que afectaron la seguridad de los asistentes. Estas situaciones abarcan avalanchas, intentos de ingreso forzado y disturbios, y ocurrieron en contextos variados como conciertos, partidos de fútbol y festividades tradicionales. Esto demuestra que, pese a los avances legales, los riesgos persisten en diferentes tipos de eventos y públicos.
Aunque las regulaciones han mejorado, la clave para evitar tragedias sigue siendo la conducta y responsabilidad de quienes organizan y asisten a estos eventos. El factor humano continúa siendo el elemento decisivo para que la seguridad se mantenga o se vulneren las garantías de protección.
El siguiente gráfico detalla el saldo de heridos y fallecidos en estos incidentes recientes, permitiendo dimensionar el impacto concreto que estas situaciones han tenido en la seguridad de eventos masivos en Santiago.
Más allá de las normativas, los protocolos y las mejoras en infraestructura, el elemento común en todos estos incidentes es la conducta humana. En muchas ocasiones, parece que en estos eventos solo impera la “ley de la selva”, donde la presión, el miedo y la falta de control desatan comportamientos instintivos, caóticos y peligrosos. Por eso, no basta con crear reglas o endurecer sanciones; es fundamental fomentar una conciencia colectiva basada en el respeto, la responsabilidad y el cuidado mutuo. Solo así lograremos transformar los espacios masivos en entornos seguros, donde la música y el deporte se celebren sin temor a tragedias.
Aunque muchas veces pasan desapercibidas, más de 40 especies de aves habitan o visitan Santiago de Chile. Algunas migran desde la cordillera o el sur en invierno; otras —como zorzales, chincoles o tórtolas— viven todo el año entre plazas, jardines y parques. Unas cuantas enfrentan amenazas: 12 están en la Lista Roja de conservación. En este contexto, el rol de la ciudadanía se vuelve clave para observar, registrar y proteger a las aves urbanas en Santiago, que comparten cada día el entorno con nosotros.
Si observamos con atención, una diversidad de aves nos acompañan en nuestro día a día en la ciudad. Tórtolas en las plazas, chincoles en los cables, zorzales cantando al amanecer y hasta cotorras argentinas volando en bandadas entre los edificios. Son solo algunos ejemplos de cómo las aves urbanas enSantiago se han integrado al paisaje cotidiano, transformando la ciudad en un verdadero hábitat compartido.
Según un estudio publicado en 2018 por académicos de la Universidad de Santiago en la Revista Chilena de Historia Natural, la capital es hogar de al menos 46 especies de aves. Esta diversidad responde a una combinación de factores: la disponibilidad de alimento y refugio, la presencia de zonas para anidar y, especialmente, la pérdida de áreas naturales, que ha empujado a muchas especies a adaptarse a jardines, bandejones arbolados, plazas y parques urbanos.
¿Cuáles son las aves urbanas más comunes en Santiago?
De acuerdo con el agrónomo y ecólogo Juan Luis Celis, en conversación con el diario La Tercera,el invierno transforma los cerros y parques de la capital en refugios temporales para diversas aves migratorias. Bandadas de mineros, dormilonas y cometocinos descienden desde la cordillera hacia zonas como el Parque Metropolitano o el Parque Forestal, buscando abrigo y alimento. También se observan picaflores que llegan desde el sur, y en verano, fio-fio o chifladores que migran desde Brasil y permanecen hasta el inicio del invierno.
Migraciones aladas: cómo aves como el fio-fío, el picaflor y los cometocinos llegan a la ciudad desde distintos puntos del continente. Créditos: ChatGPT
Además, Rodrigo Barros, presidente de la Red de Observadores de Aves de Chile (ROC), explica cómo ha cambiado la presencia de ciertas aves en Santiago en los últimos años: desde la expansión de la cotorra argentina hasta el avistamiento creciente de la paloma de las blancas y el picaflor del norte. También menciona el efecto del crecimiento urbano sobre especies nativas como la tenca o la diuca, que han sido empujadas a los bordes de la ciudad.
Aves urbanas en riesgo
Las aves urbanas no solo embellecen nuestros entornos. Cumplen funciones ecológicas clave como dispersar semillas, controlar plagas y servir de bioindicadores del estado de nuestros ecosistemas. Sin embargo, muchas de ellas enfrentan amenazas. En Chile, 138 especies de aves están en la Lista Roja de conservación, según datos del Ministerio del Medio Ambiente (2024). En Santiago y sus alrededores (como el humedal Batuco), 12 especies urbanas o periurbanas figuran dentro de esa lista.
Estas 12 aves urbanas representan solo un 8,7% del total de 138 especies amenazadas en Chile.
El rol de la ciudadanía en la conservación de las aves urbanas
En una ciudad como Santiago, donde habitan más de 40 especies de aves —entre residentes y migratorias—, la participación ciudadana se vuelve esencial. Frente a amenazas como la pérdida de hábitat y el avance del cemento, cualquier persona puede contribuir al conocimiento y la protección de estas especies que comparten el espacio urbano con nosotros, ya sea observándolas desde una ventana o registrando sus avistamientos en plataformas digitales.
“La ciudadanía son muchos ojos puestos en terreno”, afirma Barros. Y agrega: “El aprecio por la naturaleza no está limitado a los especialistas. Todos podemos maravillarnos, reconocerla y aportar desde nuestras propias experiencias“.
Global Big Day: la participación ciudadana en acción
Cada año, miles de personas alrededor del mundo se coordinan para salir a observar aves durante el mismo día: es el Global Big Day (GBD), un evento internacional de ciencia ciudadana que busca registrar la mayor cantidad posible de especies en un solo día. Organizado por el Laboratorio de Ornitología de Cornell, esta jornada convoca tanto a expertos como a aficionados, quienes suben sus registros a plataformas comoeBird.
Además del Global Big Day, existen otras jornadas de participación como el October Big Day, que se celebra en primavera y también invita a registrar aves durante un solo día en todo el mundo. Estas instancias promueven la colaboración ciudadana y generan información clave para monitorear las especies en distintos territorios, incluidas las zonas urbanas.
“El Global Big Day ha revolucionado el conocimiento de las aves […] en la sumatoria de muchos datos, se genera una fuente de información loquísima”, señala Barros. Eventos como este demuestran que cualquier persona puede contribuir al conocimiento científico desde su barrio.
“Miradas aéreas: observadores de aves urbanas” es un podcast, de origen mexicano, que explora las experiencias de avistadores de aves alrededor del mundo. Su nueva temporada, una serie de tres capítulos breves, recoge las voces de personas que, desde distintos puntos de la capital chilena, relatan cómo comenzaron a avistar aves, qué especies reconocen en su barrio y cómo esta práctica cambió su forma de habitar la ciudad. Tres miradas, tres formas de ver lo que vuela cerca.
Los testimonios presentados en este podcast fueron generados mediante inteligencia artificial a partir de perfiles narrativos creados por la autora. La generación de los audios se realizó usando la herramienta NotebookLM (Google), con fines ilustrativos y educativos.
Observar también es cuidar
Detenerse, mirar y reconocer. Observar aves puede parecer algo simple, pero es también una forma de reconectar con el entorno, de apreciar lo que muchas veces pasa desapercibido. En un momento donde las ciudades avanzan sobre la naturaleza, mirar hacia los árboles o el cielo puede convertirse en un pequeño acto de cuidado.
Un análisis sobre el alarmante aumento de ataques homofóbicos en Chile y su relación con la propagación de discursos de odio en la era digital.
Imágen creada con IA
El repunte de la discriminación en Chile
Los datos de la última década muestran una tendencia preocupante. Los casos y denuncias por homofobia y transfobia en Chile han estado en un aumento constante y alarmante.
El incremento no se debe solo a que las víctimas denuncian más, sino a un aumento efectivo de la discriminación, especialmente cuando los avances pro-derechos LGBT+ generaban una fuerte, violenta y sistemática movilización de los opositores a la igualdad.
A pesar de una leve baja en 2022 los crímenes de odio se duplicaron, registrando seis asesinatos, la más alta. En 2023, los casos y denuncias volvieron a subir drásticamente un 52,6%, llegando a 1.597 denuncias y ataques, la cifra más alta registrada en la historia de Chile. Y lo más reciente, el 2024 fue calificado como el “año del retroceso” en la lucha por la igualdad, con un incremento del 78,7% en casos y denuncias, sumando 2.847 abusos denunciados.
Geográficamente, cabe señalar que la Región de Valparaíso ha concentrado consistentemente la mayor cantidad de casos presenciales de discriminación. En 2024, esta región vio un aumento del 80,93% en las denuncias respecto al año anterior, concentrando el 51,32% del total nacional.
Discursos de odio en la mira digital
Fuente imágenes: Internet
La investigación sugiere que este aumento de la violencia está ligado a la viralización de discursos de odio, especialmente en las redes sociales. De hecho, el 83,6% de las personas LGBT+ encuestadas por Movilh en un estudio de 2024 declararon haber sido testigos de discursos de odio de manera presencial y/o digital, además el 58% reportó haber sido víctima directa de algún ataque de odio. Las redes sociales son identificadas como el mayor canal de difusión de estos discursos (88,4%).
Los discursos de odio son cualquier tipo de comunicación que ataca o utiliza lenguaje peyorativo o discriminatorio que ataque la identidad de una persona o grupo, como su religión, etnia, nacionalidad, raza, género u orientación sexual. Las iglesias, los políticos anti-derechos y las organizaciones sociales ultra-conservadoras son identificados como los principales responsables de estos discursos.
¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación al respecto? Nicolás Callejas Periodista y Productor Ejecutivo de noticias en CNN Chile nos comenta:
¿De qué manera el lenguaje usado por figuras públicas y medios moldea la percepción social hacia la diversidad sexual?
No es fácil identificar a los “financistas” directos de estas campañas pero se encuentra una conexión entre el surgimiento de las “nuevas derechas” y los sectores económicamente privilegiados que están íntimamente vinculadas con magnates y empresarios. Estos grupos utilizan los discursos de odio como una estrategia fundamental para librar una “batalla cultural e ideológica”.
La “lógica troll se ha integrado a la política tradicional”, y que las prácticas sensacionalistas y violentas son “premiadas con visualizaciones y ganancias por publicidad”. Esto implica un modelo de negocio donde la visibilidad y las visualizaciones son cruciales para la rentabilidad, no solo monetaria sino en términos de audiencia e influencia. Los “animadores de la paranoia social” u “opinólogos políticos” son los grandes beneficiarios de las ganancias que acumula el “mercado de la crueldad”. Esto sugiere que hay un interés económico en la propagación de estos discursos.
Los datos son claros: la violencia y discriminación están en ascenso en Chile. Es innegable que los discursos de odio, especialmente aquellos amplificados por figuras públicas en redes sociales, contribuyen a este clima hostil. La conexión entre estos discursos, las agendas de la ultraderecha y los intereses económicos de las plataformas digitales están comprometidos.
La pregunta que se planteó al inicio, “¿Son las figuras públicas responsables de la violencia social?”, la respuesta, al menos según los antecedentes, es sí, en gran medida. Su capacidad de influencia, sea intencionada o no, moldea la percepción pública y, lamentablemente, puede legitimar el odio.